El estadio del Betis se lo llevan a Dos Hermanas

121

La historia del Betis es como la de ti mismo, como si te estuvieras mirando en un espejo. Debe haber existido, como el minotauro del laberinto. Todos y cada uno de los béticos, disipados tras cada nube, son la prueba.

Dos han sido los narradores de las trece rayas, (esas que la actual Directiva del Betis se empeña en erradicar de sus camisetas), que, para mí, merecen mención especial.

El primero Joaquín Romero Murube, de quien dicen que asistió al recóndito encuentro en el Alcázar entre Franco y el poeta en lunas Miguel Hernández, poco antes de su asesinato. Murube dijo del Betis, lo mismo que puede afirmarse de la existencia del ser humano en tiempos donde el suicidio es el pan nuestro de cada día. Tras cada hecatombe, cada tarde, volvía a arremeter con más entusiasmo hacia la conquista de la gloria.

El segundo que mejor ha declamado los asonantes versos verdiblancos, ha sido Alberto García Reyes, cuando exclamó -en un artículo para la eternidad- que “el manantial del que fluye el Betis está en los ojos de cada bético”.

En cuanto a sus presidentes, quiero destacar dos. El primero, Benito Villamarín, quien culminó el ascenso tras siete años en el albero de la Tercera División. Mi tío, que estuvo allí como Directivo, me contaba que cuando salió el equipo, todo el estadio lloró entre flamear de pañuelos blancos. Aun derramaba lágrimas y es que se canta lo que se pierde.

El otro, Manuel Ruiz de Lopera, quien debeló la sempiterna avería dominical del tranvía, allende Heliópolis. La prensa suele narcotizar de burla lo heterodoxo, y lo cierto es que, impenitente, sigue pugnando en los Tribunales contra el despojo, dotado de fe pública, de que fue víctima.

Nuestro Estadio, lo sisan hacia Dos Hermanas. La negociación sugiere que se cerró con Toscano, poco antes de la salida de éste de la alcaldía nazarena, que ya era hora de disfrutar de su bien ganado rédito resguardado entre fríos muros de metal.

Mientras Feijoó camina hacia la Moncloa (recuerden que, en España, no se vota a favor de, sino contra alguien), esta ola de la gaviota parece que tardará en amainar. Pedro Sánchez ha sido un buen maestro.

Sin Susana Diaz, -patética la recepción del Betis en el Congreso, donde a su anfitrión Gómez de Celis- (jamás podrá ser ella) se le olvidaron las aceitunas y pinchos de tortilla. Esos que se compran en Mercasevilla, donde lo primero que hizo Fonsito cuando nombraron Gerente a Mellet, fue interesarse por la injusta situación de primos y cuñados. “¿Qué hay de lo mío?” debió sugerir.

Hay que generar pasta. Que no falte el ladrillo. Díganselo al que fuera dueño del ático de López Catalán en la Antilla o al hijo de Amparo Rubiales, la única contratación por la vía de los hechos que, para su augusta madre, no es machismo.

El Betis camina a su disolución o eso fingen las cuentas. No hay quien sostenga el capítulo uno de personal. En fin, que nos hacemos viejos y la memoria de aquel puro de Adolfo Suárez y Felipe González, con mechero del Betis, nos aboca a decir adiós a esa parte de la urbe donde unos diminutos claretianos con sotana, adoraban al Sol.

Fuente: El Correo

Comments are closed.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
consectetur ante. lectus ipsum libero sit Phasellus ut luctus eget accumsan